Mila Polyakova
Hace 5 meses
La playa Albufereta me enamoró desde el primer día. Desde el hotel Albahía se tarda solo 10 minutos caminando, y cada vez que llegaba al mar sentía que entraba en un rincón tranquilo y acogedor. Hay palmeras con sombra, donde puedes tumbarte sin necesidad de llevar sombrilla, y eso hace que todo sea mucho más cómodo. El mar es limpio y cálido, pero se hace profundo muy rápido; das unos pocos pasos y ya no tocas el fondo. En algunas zonas hay grandes piedras bajo el agua, y la verdad es que yo le tengo miedo a la profundidad y a todo lo que pueda haber en el fondo. Así que en cuanto mi pie tocaba una piedra, me alejaba nadando enseguida. Aun así, la playa transmite mucha calma y seguridad. Lo más curioso es que el aeropuerto está a la derecha, y desde la playa se pueden ver los aviones despegando. El sonido no molesta, al contrario: da la sensación de que el mundo sigue en movimiento mientras tú estás descansando bajo una palmera. A veces me quedaba simplemente mirando cómo subían hacia el cielo. Por las mañanas la playa está siempre muy limpia; se nota que la limpian con máquinas, la arena queda lisa y cuidada. Además, hay fuentes para lavar los pies, algo muy cómodo después del mar. En resumen, para mí Albufereta fue un verdadero descubrimiento: una playa tranquila, agradable y con una atmósfera a la que dan ganas de volver una y otra vez.