Dónde comer

Guía gastronómica local

Guía gastronómica de Alicante

Qué comer en Alicante, cuándo comerlo, dónde encontrarlo y cuánto cuesta.

Índice y resumen

Todo lo que vas a encontrar en esta guía

Alicante se come en dos ejes que casi nunca se cruzan: el arroz al mediodía y la barra el resto del día. Alrededor de esos dos ejes cabe todo lo demás — el almuerzo de media mañana, las salazones del centro, la lonja, el menú del día de los barrios, la pizza de la noche, la arepa de después y los churros de madrugada. Esta guía está escrita en ese orden: por momentos del día, y dentro de cada momento, por platos concretos con su precio de referencia y los locales donde los hemos encontrado en carta.

Arroz negro con sepias

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Si vienes a comer una vez, salta a lo que hay que probar: arroz a banda, arroz del senyoret, salazones, quisquilla de bahía y coca. Si vives aquí, lo tuyo está en el menú del día, en el almuerzo de barra y en la cocina internacional de los barrios. Y si buscas algo muy concreto y no quieres leer, usa directamente el buscador: abajo tienes cada una de sus secciones.

Coca de Chocolate

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Vamos por partes, que aquí nadie tiene prisa. Si te vas de Alicante sin haber comido un arroz a banda, un arroz del senyoret o un arroz negro, técnicamente has estado en otra ciudad. Y si te dejas el arroz con costra de la comarca, peor todavía. Encima de la barra te espera la parte que casi ningún visitante pide y que aquí nos parece normalísima: la mojama de atún, la hueva prensada, el capellán con su aceite y su pan, la quisquilla de bahía —que se come con los dedos y sin disimular—, la gamba roja cuando el bolsillo lo permite, la coca de mollitas, y para cerrar, turrón y horchata, que no son souvenir: son merienda.

Lo segundo es el reloj, porque en Alicante el reloj manda más que la carta. De 8:00 a 10:30 se desayuna de pie: tostada con tomate, pincho de tortilla o un blanc i negre si aprieta el calor. De 11:00 a 13:00 llega el almuerzo, ese invento local a medio camino entre desayuno y comida, con bocadillo de sepia o lomo con pimientos. De 13:30 a 15:30 se come de verdad, y ahí es el arroz quien decide: pídelo pronto, porque a las tres y media muchos arroceros ya han apagado el fuego. La merienda cae entre 17:00 y 19:00 —helado, tarta de queso, café—, la cena no arranca en serio hasta las 20:30 y se estira hasta las 23:30. Después de esa hora, la ciudad se reduce a kebab, hamburguesa y churros. Es así, y funciona.

Calamares Fritos

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Lo tercero es dónde. El centro y el Mercado Central son de tapear y de producto: ensaladilla, croquetas, alcachofa a la plancha, ostras abiertas al momento. El puerto es para cenar con vistas y pagar la vista también. La Playa de San Juan es de arroz con el mar delante y de pescado a la sal. Y los barrios —Benalúa, Carolinas, San Blas— son donde comemos el resto de los días: menú del día, arepas, tacos y pizza de horno de leña sin postureo.

Y lo cuarto, el dinero, que también es información útil. Con 6–12 € comes rápido y sales tirando. Con 10–20 € tienes buffet libre —plan de familia numerosa y de sobremesa larga—. Con 12–18 €, menú del día completo, bebida y postre incluidos, que es el mejor invento de este país. Con 15–25 € tapeas a gusto entre gildas y salazones. Y de 18 a 30 € por persona te sientas a un arroz en condiciones, para dos y con su alioli aparte. Pasar de ahí es entrar en brasa, gamba roja y carta corta de autor: legítimo, pero ya no es el día a día de nadie de aquí.

Rosquillas saladas

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A continuación un paseo por distintos tipos de comida para que elijas!

O elige por imagen:

Si vienes a Alicante

Esto es lo que tienes que probar

A ver, no nos engañemos, alicantinos y forasteros, aquí venimos a comer arroz. Y no un arroz cualquiera, que ya veo venir al guiri despistado, paella de marisco con chorizo en mente, un sacrilegio para el paladar local. Aquí el arroz se entiende de otra manera, con su ceremonia y sus tiempos. El arroz a banda es un clásico indiscutible, con su caldito de pescado aparte, para mojar pan y rebañar hasta la última gota, un fondo marino que es puro umami.

Pero la cosa no se queda ahí, ni mucho menos. Tenemos el arroz con costra, una joya de la Vega Baja que en Alicante también veneramos, ese que lleva su gorrito de huevo batido y gratinado, que se cuaja en el horno hasta formar una capa dorada. ¡Ojo!, que no es para todos los días, que empacha lo suyo, pero un día de celebración, con buena compañía en una casa de campo o en algún restaurante tradicional de la zona de El Palmeral o el Palamó, no tiene precio.

Y no todo es arroz, que también somos gente de mar, con una lonja que cada día trae tesoros a nuestra costa. Las quisquillas frescas, esas pequeñitas que parecen transparentes, cocidas al punto justo con agua de mar, con ese sabor a salitre que te transporta directo a la lonja del puerto, a los puestos del Mercado Central. Cuando son de temporada, allá por el verano, te las ponen en cualquier barra con un poco de limón y son la gloria.

Y qué me decís de la coca amb tonyina, un bocado que es el preludio indiscutible de las Hogueras de San Juan, aunque se come durante todo el mes de junio y julio. Es una masa fina y crujiente, como la de la pizza pero con un toque diferente, rellena de atún de sorra y cebolla pochada a fuego lento, con piñones y, a veces, algo de pimentón. La tradición manda que la comas acompañada de "bacores" (brevas) frescas, es una combinación de dulce y salado que quita el sentido.

Y para rematar la faena, el turrón. Sí, el turrón, que no solo es cosa de Navidad por mucho que lo asociemos a esas fechas.

No podemos olvidarnos de la "olleta" alicantina, un plato humilde y contundente, perfecto para los días más frescos del otoño e invierno.

Calamar a la plancha

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No hay una lista oficial, pero sí un consenso local. Si solo vas a hacer tres o cuatro comidas en la ciudad, que sean estas.

  1. Arroz a banda. El arroz de Alicante: seco, dorado, hecho con caldo de pescado de roca. Se come al mediodía y se pide para dos. Ver guía de arroces.
  2. Arroz negro de sepia. Tinta, sofrito y alioli aparte. La versión más reconocible de la cocina marinera local. Ver guía de paellas y arroces.
  3. Salazones. Mojama de atún, hueva prensada, capellán. La tapa más alicantina y la menos conocida por el visitante. Dónde probarlas.
  4. Producto del mar. Quisquilla de bahía, gamba roja, calamar, ostras. Depende de la lonja del día. Dónde comerlo.
  5. Coca y tapas tradicionales. Ensaladilla, croquetas, alcachofa, coca de mollitas. Dónde tapear.
  6. Turrón, helado y horchata. El dulce de la provincia, casi siempre fuera de la carta del restaurante. Ver merienda y dulces.

Momento · 8:00–10:30

Desayunar en Alicante

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Pues mira, aquí en Alicante el desayuno es mucho más que simplemente llenar el buche; es un auténtico ritual, una costumbre arraigada en el alma de cada alicantino. La mayoría de nosotros lo hacemos en la barra del bar de siempre, de pie o encaramados a un taburete, a primera hora de la mañana. Entre las ocho y las diez y media, sobre todo en barrios como el Pla o en las inmediaciones del Mercado Central, esto es un hervidero de gente, una sinfonía de voces y tintineos.

¿Y qué se pide uno para acompañar este momento sagrado? Lo clásico, claro. Un café con leche, que no falte, es el rey indiscutible. Si eres de los que cuida la línea, o simplemente prefieres un trago más corto pero intenso, un cortadito es tu aliado. Y para mojar, la tostada con tomate y aceite, un clásico que nunca defrauda. Simple, pero efectivo y delicioso. El aceite, siempre de la tierra, de nuestra provincia, que le da un toque especial, un aroma y sabor inconfundibles.

Cortado!!

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Y no nos olvidemos de los churros con chocolate. No son para todos los días, claro, porque la vida sana es importante, pero de vez en cuando, un capricho no hace daño a nadie. Los buenos, los que están hechos al momento en la churrería de toda la vida, de esas que huelen a canela y azúcar desde la esquina, son crujientes por fuera y tiernos por dentro. Y el chocolate, espeso, con ese brillo que solo el cacao de calidad le da, que se pegue al churro y te manche la cara de puro gusto.

Este ritual matutino, que para muchos puede parecer un simple desayuno, es en realidad un pilar fundamental de nuestra idiosincrasia alicantina.

Churros

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El desayuno alicantino es de barra y de pie, o de mesa pequeña con el periódico encima. El repertorio se repite y funciona: tostada con tomate y aceite, mollete con jamón serrano, pan con tomate y anchoas, tortilla de patatas en pincho —tibia, jamás recién salida de la nevera—, croissant a la plancha con mantequilla, o una coca boba si el bar es de los antiguos. Para beber, café solo, cortado, café bombón con leche condensada, o el clásico blanc i negre: helado de vainilla ahogado en café, que aquí no es postre sino desayuno de verano.

En zona de playa aparece el brunch internacional: huevos benedictine, tostada de aguacate, açaí, tortitas, zumo de naranja recién hecho. Cuesta más —de 9 a 16 € frente a los 3–6 € de una barra de barrio— pero abre más tarde y admite mesa larga. Si es lo que buscas, entra por desayuno y brunch en el buscador.

Momento · 11:00–13:00

Media mañana: el almuerzo

Bocata de Calamares

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Aquí, en Alicante, eso de la media mañana no es un simple tentempié, una pausa para engañar al estómago. Es, lo digo en serio, casi una religión, un pilar fundamental en la jornada. Ya lo verás, entre las once y la una, los bares se llenan hasta la bandera. Ves al albañil con su mono salpicado de yeso, a la oficinista impecable con su chaqueta de diseño, al jubilado con el periódico bajo el brazo, y todos, absolutamente todos, compartiendo mesa, risas y, lo más importante, el almuerzo.

Y, ¿qué nos ponemos entre pecho y espalda para que el día siga adelante con energía? Pues hay clásicos que nunca fallan, auténticos tótems de nuestra gastronomía de barra. El bocadillo de sepia a la plancha es un icono, una institución. Con su mayonesa suave, que le da un toque meloso, o si eres de los valientes, con un buen allioli casero, que te dejará el aliento fresco para el resto del día, ¡o no! Otro fijo que no se mueve es el de lomo con pimientos, que aunque suene simple, te aseguro que es tremendamente efectivo y reconfortante.

Y no te esperes lujos ni florituras, que aquí somos gente de costumbres sencillas pero arraigadas. Esto es el almuerzo obrero, en su esencia más pura y auténtica. Los bares suelen ser sencillos, sin grandes decoraciones que distraigan. Mesas de formica con algún rayón de batallas pasadas, sillas de las de toda la vida, de esas que no se rompen ni a tiros.

El almuerzo es una comida propia, no un tentempié. Entre las once y la una, muchos bares sacan la pizarra con bocadillos de sepia a la plancha, lomo con pimientos, tortilla de habas, chorizo criollo o blanco y negro de embutido, con cacahuetes, olivas partidas y una cerveza pequeña incluidos. En los pueblos del interior de la provincia se añaden habas tiernas, longaniza y bacalao con tomate.

Si te pilla con hambre a media mañana, un montadito, una empanada argentina o una arepa resuelven sin comprometer la comida. Lo que no conviene es sentarte a un arroz a las doce: casi ningún arrocero lo saca antes de la una y media.

Arepa de Reina Pepiada

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Momento · 13:30–15:30

El mediodía es de los arroces

El arroz a banda es un clásico de manual, un plato que te habla del mar sin adornos. La clave está en su nombre: "a banda", que significa "aparte". Se cocina el pescado por un lado, para extraerle toda la esencia y hacer un caldo que es puro elixir marino, y con ese caldo, por otro lado, se cocina el arroz. El resultado es un arroz meloso, con un sabor a mar que te transporta a la Lonja en un abrir y cerrar de ojos, sin más distracción que el propio cereal.

Luego tenemos el arroz del senyoret, que, como su nombre indica, es para los más cómodos, para esos que no quieren mancharse ni la punta de los dedos. La magia de este arroz reside en que todos sus ingredientes marineros, gambitas, calamares troceados, trocitos de sepia, vienen ya peladitos y cortados, listos para hincarle el tenedor. Es la opción perfecta para cuando quieres disfrutar del sabor del marisco sin tener que pelearte con cáscaras y cabezas.

Y si hablamos de platos contundentes, de esos que te dejan el alma en el cuerpo, no podemos olvidarnos del arroz con costra. Este es un plato de cuchara de los que de verdad reconfortan. Se hace al horno, con un festival de embutido y carne, y la guinda del pastel es una capa de huevo batido que, al cuajarse, forma una costra dorada y deliciosa. Es un plato que te abraza por dentro, y no es precisamente ligero, así que no es muy amigo del verano, a no ser que seas un alicantino de pura cepa y el calor te resbale.

Y aunque no sea arroz, la fideuà se ha ganado a pulso su sitio en esta categoría. Para mí, es como la prima hermana de los arroces, igual de sabrosa y divertida. Son fideos finitos y tostados, que se impregnan de todo el sabor del marisco. La tradición manda comerla directamente de la paella, con cuchara de madera, claro. Es una experiencia comunitaria, de esas que unen.

Y llegamos al momento cumbre, la joya de la corona, el Santo Grial de cualquier arrocero que se precie: el socarrat.

El arroz alicantino no es uno, son muchos, y conviene saber qué se pide. Arroz a banda: seco, dorado, cocinado con caldo de pescado de roca; el pescado se sirve aparte, "a la banda", de ahí el nombre. Arroz del senyoret: el mismo concepto, pero con todo pelado —gamba, sepia, rape— para comer sin mancharse. Arroz negro de sepia, con su tinta y alioli aparte. Arroz con costra, de Elche y la comarca: caldoso al horno, cubierto con huevo batido cuajado, con pelotas, longaniza y blanquet. Arroz al horno con costillas, garbanzos y patata en rodajas. Arroz con conejo y caracoles, el de tierra adentro. Y la fideuà, que no es arroz pero se cocina igual y muchos alicantinos prefieren.

Reglas prácticas: casi todos se piden mínimo para dos personas, tardan entre 25 y 40 minutos y muchos arroceros cierran el pedido a las 15:00. El precio de referencia va de 16 a 24 € por persona en arrocería de barrio, y sube a 22–32 € en primera línea. Si el arroz llega removido, con caldo suelto y sin socarrat, no es de aquí: pregunta siempre si lo hacen al momento.

Si quieres profundizar, cada arroz tiene su propia guía: arroces de Alicante y paellas por tipo, con precios y locales. También puedes consultar la sección arroces y pescado para ver locales con arroz en carta.

Cocina local

La cocina alicantina que no es arroz

Aquí, en Alicante, la costa es una maravilla, con su arroz a banda y sus salazones que te quitan el sentido, eso ya lo sabemos todos. Pero el interior, la montaña, esa es otra historia bien diferente. Una historia de sabores recios, de cuchara que reconforta el alma y de tradición que se palpa en cada bocado. Allí, donde el mar no llega, los platos se hacen con lo que da la tierra, con el producto de la huerta, de secano y del corral.

Y cuando hablamos de cocina de interior, no podemos olvidarnos de la pericana, esa maravilla tan nuestra que te encuentras en cualquier tasca de la sierra. Recuerdo a mi tío abuelo Paco, en Gorga, que siempre decía que "una buena pericana se hace con las manos, no con el reloj". Unas pellas de bacalao bien desmigadas, unos pimientos secos de los buenos, un chorro generoso de aceite de oliva virgen extra de la Almazara La Alquería y unos ajos morados.

La cocina de secano, la de la montaña, es la antítesis de la de costa.

Y no penséis que esta cocina es solo para cuando hace frío.

Detrás del arroz hay una cocina de interior y de invierno que casi nunca aparece en las cartas turísticas y que explica mucho mejor cómo se come de verdad en la provincia.

  • Olleta alicantina. Potaje de alubias, penca, morcilla y arroz. Plato de cuchara de peso, de noviembre a marzo.
  • Borreta de bacalao. Bacalao desmigado con patata, espinacas y huevo escalfado. Sencillo y muy alicantino.
  • Pericana. Pimiento seco asado, bacalao o capellán desmigado y ajos, todo con aceite. Se come con pan, de entrante.
  • Gazpacho manchego / gazpacho de mero. Nada que ver con el andaluz: guiso con torta de pan y carne de caza o pescado.
  • Caldero y caldo con pelotas. El caldero, de pescado de roca con arroz; el caldo con pelotas, de Navidad, con albóndigas grandes de carne y piñones.
  • Michirones. Habas secas con chorizo, hueso de jamón y guindilla. Frontera murciana, tapa habitual en Alicante.
  • Coca amb tonyina y coca de mollitas. Empanada plana de atún, piñones y tomate; y la coca salada de harina, aceite y sardina.
  • Espencat. Escalivada valenciana: pimiento y berenjena asados con bacalao y aceite de oliva.
  • Bajoques farcides. Pimientos rellenos de arroz y carne, cocinados al horno.

Estos platos se encuentran en restaurantes de cocina tradicional, sobre todo en menú del día y en carta de temporada. Búscalos en cocina típica o pregunta por el plato del día: casi nunca están impresos.

Mediodía y cena

Pescado, marisco y producto de lonja

Aquí en Alicante, cuando hablamos de mar, no nos andamos con tonterías, te lo aseguro. La quisquilla de Santa Pola, por ejemplo, es de esas cosas que tienes que probar para entenderlo, para que te haga clic. Pequeñita, pero matona, dulce como ella sola, se come a puñados y da un gustico salado que te transporta directamente a la costa, a ese olor a yodo y salitre de la playa del Postiguet. No es cuestión de tamaño, que las apariencias engañan, es de sabor, de esa textura que se deshace en la boca, una maravilla.

La sepia a la plancha es otro de nuestros clásicos inamovibles, un plato que no puede faltar en cualquier mesa alicantina que se precie. No hay chiringuito en la playa de San Juan ni restaurante en el centro, cerca de la Explanada, que no la tenga en carta. Fresca, en su punto exacto, con su ajito picado y su perejil fresco, ese toque verde que lo ilumina todo. Es de esas cosas que pides para compartir, en el centro de la mesa, mientras charlas con los amigos, aunque luego te arrepientas de no haberte pedido una para ti solo, ¡que se va volando!

Y si hablamos de pescado de plancha, no puedo dejar de mencionar la dorada o la lubina salvaje. Pescados con sabor a mar de verdad, no a piscifactoría. Aquí los preparan enteros, con la cabeza y todo, porque saben que ahí está parte de la gracia, los jugos. Recuerdo que mi padre siempre se peleaba con mi tío por la cabeza del pescado, "la mejor parte", decía, "donde está la esencia". A la plancha, con un buen chorro de aceite de oliva y, si acaso, unas patatitas a lo pobre de guarnición.

Si quieres entender de verdad lo que te estoy contando, tienes que ir a una de nuestras lonjas. La de Santa Pola, por ejemplo, es un espectáculo al amanecer, con la subasta y el bullicio, o la de Alicante, junto al puerto. O a un mercado, que también se nota el buen producto, como el Mercado Central, en pleno centro de la ciudad, un templo de la gastronomía.

No es solo ir a comer, es vivir el proceso, el respeto por el producto, desde que sale del mar hasta que llega a tu plato.

La bahía y la lonja marcan la carta. Lo más reconocible: quisquilla de Santa Pola, diminuta y dulce, que se come cruda o apenas escaldada; gamba roja de Dénia, la pieza cara, a la plancha con sal gruesa; galera en temporada; pulpo seco a la brasa, muy alicantino; sepia a la plancha con alioli; calamar a la romana; boquerón en vinagre y sardina de bota; ostras por unidad; clóchinas valencianas de mayo a agosto y mejillón el resto del año.

En pescado de cuchillo, lo habitual es dorada y lubina a la espalda, rodaballo, rape, pescado a la sal y suquet de peix. Casi todo se vende al peso: pregunta el precio por kilo y el tamaño de la pieza antes de aceptar, porque una dorada de ración y una de kilo son dos cuentas distintas. Referencia razonable: 18–28 € por persona con pescado fresco, más si entra gamba roja.

Experiencia

El Mercado Central como forma de comer

El Mercado Central, para los alicantinos de pura cepa, es mucho más que un simple lugar donde llenar la nevera; es el mismísimo epicentro de nuestra gastronomía, el punto de partida de todo lo bueno que acaba en nuestros platos. Uno se deja caer por allí bien temprano, cuando el sol apenas asoma por el Postiguet y el bullicio de los furgones de reparto aún resuena, y ya te embriaga ese aroma inconfundible a mar y a huerta, una mezcla de salitre y tierra mojada que te dice a las claras que estás en casa.

Después de un par de vueltas, que son obligatorias para calentar el ambiente, y de picotear algo de queso curado o de embutido casero en alguna de las paradas, uno se da cuenta de que el Mercado es un universo en sí mismo, no solo para la compra diaria. Las barras que salpican los pasillos, tanto dentro como fuera, son una tentación irresistible a mediodía, un reclamo que invita a quedarse y disfrutar sin prisas. La clave es ir con la mente abierta y el estómago preparado: unas gambas rojas a la plancha por aquí, que se deshacen en la boca, unos calamares a la andaluza por allá, crujientes y tiernos a la vez, y para rematar, una horchata fresquita o un helado artesano que te hace levitar.

El ambiente a esas horas es sencillamente inigualable.

Pero, ¡ojo!, que el Mercado trabaja hasta las 15:30 y si no estás atento, te puedes quedar con las ganas.

Plato local

Salazones: la despensa alicantina

Mojama de Atún

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Aquí en Alicante, lo de los salazones es más que una costumbre; es una verdadera religión, una herencia que se paladea en cada barra de bar que se precie. No concibo un aperitivo sin su platito de mojama o de hueva, o sin esas bandejas que exhiben con orgullo los bares de toda la vida por el centro, por el Barrio o por la zona de la Plaza de Gabriel Miró. Esta técnica ancestral de curar el pescado en sal, que ya usaban nuestros tatarabuelos, era la clave para conservar el alimento antes de que existieran las neveras.

La mojama de atún, por ejemplo, es un clásico imprescindible. No es solo un trozo de pescado curado; es el lomo del atún, tratado con mimo y prensado hasta alcanzar esa consistencia única. Se corta en lonchas finas, casi transparentes, tan delicadas que parecen papel, y se sirve con un chorrito generoso de nuestro oro líquido, un buen aceite de oliva virgen extra de la provincia, por supuesto. Algunos le añaden unas almendras marconas tostadas, de esas que venden en el Mercado Central, que le dan un punto crujiente, pero a mí me gusta así, sin más artificios, para saborear toda su esencia.

Y qué decir del bacalao salado, un capítulo aparte en nuestra gastronomía.

La salazón es la conserva histórica de esta costa y sigue siendo la tapa más alicantina. El repertorio: mojama de atún —el lomo curado en sal, cortado fino, con almendra y un hilo de aceite—, hueva de maruca o de atún prensada, capellán (pez seco que se pasa por la llama y se come con los dedos), bacalao en salazón desmigado, melva, bonito en aceite y sardina de bota.

Bacalao salado

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Se piden en tapa o en tabla para compartir, con pan, tomate y vino blanco o cerveza muy fría. Una tabla mixta ronda los 12–20 €; una tapa individual, 4–8 €. Es comida salada y potente: una tabla para dos, con otra tapa, basta como comida ligera.

Todo el día

Tapas y bares

Por aquí lo de las tapas es casi una religión, una forma de vida, diría yo. No busquéis carteles gigantes de "TAPAS" en cada esquina, ni os van a empujar a entrar como si esto fuera una atracción de feria. Simplemente están ahí, en la barra, esperándoos, dispuestas a ser parte de vuestro día. Hay sitios con sus especialidades de siempre, que no cambian ni aunque los maten, y otros que van rotando un poco, que así no se aburre uno y siempre hay excusa para volver.

Un error común del que viene de fuera, y lo veo a menudo, es pedir la tapa como si fuera un plato principal. Aquí es para picar, para compartir con los amigos o la pareja, para acompañar una caña bien fría o un buen vino de la tierra. No os sintáis obligados a pedir tres o cuatro para vosotros solos, que eso no es una carrera de fondo. Pedid una o dos, probad, saboread con calma, y si os gusta, repetís o cambiáis de sitio, que hay muchos y muy buenos.

Cuando hablamos de tapas, también hay que tener en cuenta los horarios, que aquí somos un poco especiales. Olvídate de salir a tapear a las cinco de la tarde, a no ser que busques un lugar muy turístico.

Y si os animáis a probar algo diferente, buscad esos bares que, sin ser de tapas al uso, siempre tienen algo para picar con la bebida.

Lo que vas a ver en cualquier barra decente de Alicante: ensaladilla rusa (el examen de un bar), croquetas de jamón o de bacalao, gilda de anchoa, oliva y piparra, bravas, alcachofa a la plancha —de Vega Baja, en invierno—, habas con jamón, pimientos de padrón, berenjena rebozada con miel, tortilla de patatas por pincho, montaditos variados, jamón ibérico y queso curado.

El tapeo alicantino tiene su gramática: se pide de pie, de una en una, y se pagan al final. Dos personas cierran una ronda decente por 15–25 € con bebida. Es también la mejor forma de probar mucho en poco tiempo: una tapa de mojama, una ensaladilla, una alcachofa y una sepia resumen la ciudad mejor que un menú degustación.

Del resto de España

Cocina española en Alicante

Aquí, en Alicante, somos muy de nuestra terreta, claro. La arròs a banda, la olleta, el fideuà... eso va por delante, está en nuestra sangre. Pero eso no quita que nos guste darnos un buen festín con lo que viene de fuera, de otras cocinas de España, ni te cuento. La gallega, por ejemplo, es un clásico que nunca falla por aquí.

Y qué decir de la empanada gallega, ya sea de atún, de carne o incluso de zamburiñas si tienes suerte y el sitio se ha currado el producto. Esa masa hojaldrada, rellena generosamente, es perfecta para compartir en la mesa o incluso para llevarte un trozo a casa y disfrutarla para la cena.

Alicante es ciudad de gente venida de todas partes, y eso se nota en las cartas. Sin salir del centro puedes comer cocina de casi cualquier región.

  • Galicia. Pulpo á feira con cachelos y pimentón, empanada de zamburiñas, pimientos de padrón, tarta de Santiago, ribeiro y albariño.
  • País Vasco y Navarra. Pintxos de tortilla y bacalao, txuleta, cocochas, piquillos rellenos, txangurro, sidra y txakoli.
  • Andalucía. Pescaíto frito, boquerones, adobo, salmorejo, flamenquín, rabo de toro, jamón de bellota.
  • Castilla y León. Cochinillo, lechazo, morcilla de Burgos, sopa de ajo, cecina.
  • Asturias. Fabada, cachopo, cabrito, quesos azules y sidra escanciada.
  • Cataluña y Valencia. Pa amb tomàquet, calçots en temporada, esqueixada, all i pebre, y por supuesto los arroces.
  • Madrid y centro. Cocido, callos, bocata de calamares y huevos rotos.

Pulpo a la Gallega

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Casi todos estos platos están en restaurantes clasificados como cocina típica o en asadores y tabernas; los de carne, en carnes y brasa.

Del mar de en medio

Cocina mediterránea

Aquí en Alicante, esto de la cocina mediterránea nos lo tomamos muy en serio, no solo como algo nuestro –que también–, sino como un universo de sabores que baña este mar que nos da la vida. Desde Italia hasta Marruecos, pasando por Grecia y Líbano, la mesa se nos llena de aromas y gustos que tienen algo en común: el sol que nos broncea en la Postiguet, el aceite de oliva virgen extra de nuestras sierras y la buena compañía en cualquier sobremesa que se alarga hasta la merienda.

Una cosa que siempre me hace gracia es la sorpresa del que viene de fuera cuando ve la variedad real de nuestra oferta. Piensan que la mediterránea es solo pescado fresco a la plancha y ensaladas sencillas. Y sí, eso está muy bueno, sobre todo un buen salmonete del día o una ensalada de capellanes con ñoras, pero es mucho más. Tenemos el italiano, claro, que nunca falla; una pizza napolitana, una pasta al dente con marisco fresco… ¿quién le dice que no a eso después de un día de playa?

Y si ya nos metemos en el terreno del Líbano o de Marruecos, la cosa se pone aún más interesante. Recuerdo una vez que mi vecina, María, que tiene una mano para la cocina que quita el sentido, nos preparó un tajine de pollo con limón encurtido que todavía sueño con él. El hummus casero, el falafel crujiente, ese tabulé tan fresco que te refresca el paladar después de un día de calor… Son sabores que te transportan sin necesidad de coger un avión desde el aeropuerto de El Altet.

Para los más atrevidos, los restaurantes del Rebolledo o de San Vicente del Raspeig suelen tener propuestas muy auténticas de este tipo de cocinas, a menudo regentados por familias que traen consigo las recetas de sus abuelas. A la hora de pedir, no tengas miedo a preguntar por los platos del día o las sugerencias fuera de carta; a veces ahí se esconden las verdaderas joyas.

Alicante mira al Mediterráneo y come como el Mediterráneo: aceite de oliva, verdura de temporada, pescado sencillo y legumbre. Esa base explica que la cocina de la otra orilla encaje aquí sin esfuerzo.

En cocina italiana, más allá de la pizza: pasta fresca, carbonara —sin nata—, cacio e pepe, lasaña, risotto, burrata con tomate, vitello tonnato y tiramisú. En griega y turca: moussaka, souvlaki, tzatziki, ensalada griega con feta, baklava. En libanesa y de Oriente Medio: hummus, falafel, tabulé, baba ganoush, shawarma, kibbeh. Y en magrebí: cuscús, tajín de cordero con ciruela, harira, pastela y té con menta.

Es también la vía más cómoda para comer verdura y legumbre sin renunciar al sabor. Si comes sin carne, entra por vegano y saludable: hummus, falafel, bowls, ensalada de lentejas, berenjena asada, poke vegetal y verduras a la parrilla están en casi todas las cartas mediterráneas.

Presupuesto

Cuánto cuesta comer en Alicante

Una de las cosas que más me preguntan, y con razón, es cuánto te puede costar comer por aquí. La verdad es que depende mucho de lo que busques. Si vienes a lo nuestro, al menú del día de toda la vida, te diré que por doce o quince euros puedes comer de maravilla en muchos sitios. Incluye entrante, plato principal, postre, bebida y a veces hasta café. Es la opción más socorrida para el mediodía, y te aseguro que se come bien.

Si lo que te apetece es el tapeo, la cosa se vuelve un poco más flexible en el presupuesto. Puedes picar algo rápido y tomar una caña por cinco o seis euros, o hacer una cena más en condiciones a base de raciones por veinte o veinticinco por cabeza. Depende de la sed y el hambre que traigas, claro. Lo bueno de las tapas es que puedes probar muchas cosas sin arruinarte, y si te lías, siempre hay tiempo para un último plato de algo más contundente, como un buen montadito de lomo con pimientos.

El arroz ya es otro cantar, y aquí lo tomamos muy en serio, como una religión. Se nota en el precio, y con razón. Un buen arroz, por persona, rara vez baja de los quince euros. Y si hablamos de uno de marisco, con la gamba roja de Denia, o con alguna historia especial como el arroz a banda con su pescado aparte, tranquilamente te pones en los veinte o veinticinco. Es la especialidad de la casa, lo sabemos hacer, y se paga.

En general, Alicante es una ciudad donde se puede comer muy bien, con precios solidarios!

Tortilla Española

Foto

Muy económico

Almuerzo de barra, comida rápida, arepa o kebab. 6–12 €.

€€

Precio medio

Menú del día, tapeo, pizza o buffet. 12–25 €.

€€€

Medio / alto

Arrocería, marisco de lonja, cena en el puerto. 25–45 €.

€€€€

Experiencia especial

Cocina de autor y producto de temporada. Desde 50 €.

La diferencia real no está en la comida, está en la hora y en la zona: el mismo plato sube de precio en primera línea de playa y en el paseo del puerto.

Precio cerrado

Buffet libre

Cuando la familia es grande y el presupuesto aprieta, el buffet libre se nos presenta, qué le vamos a hacer, como un auténtico salvavidas. Sabes lo que te va a costar, eso es innegociable, sin sorpresas de última hora, y cada uno, que tiene sus querencias, come lo que le apetece. Aquí en Alicante, como en todas partes, hay opciones para todos los gustos, desde los clásicos chinos o japoneses, con sus montañas de arroz tres delicias y, admitámoslo, sushi de dudosa procedencia en algunos sitios, hasta propuestas más mediterráneas, que suelen ser un pelín más caras, pero que prometen, al menos en teoría, una calidad superior.

Ahora bien, ¿cuándo compensa de verdad un buffet libre? Ahí está el quid de la cuestión, amigos. La clave está, lo digo por experiencia, en el hambre que tengas y, por supuesto, en la compañía. Si vas con gente que come como pajaritos, el precio fijo se convierte en un inconveniente y acabas pagando de más por sus aires. Pero si sois de buen comer, de esos que no dejan ni las migas, y os apetece probar un poco de todo sin que la cuenta se dispare como un cohete en las Hogueras de San Juan, entonces sí, es vuestro momento.

En Alicante, la verdad sea dicha, tenemos una buena cantidad de asiáticos que han adoptado el formato buffet, algunos con más gracia que otros, claro. Los encontrarás, sobre todo en zonas como el barrio del Pla o en la Vía Parque, con el famoso wok en vivo, donde eliges los ingredientes, la verdura, el pescadito o la carne, y te los cocinan al momento, lo cual, para qué negarlo, le da un puntito de frescura que se agradece.

La dinámica del buffet, al menos por aquí, es bastante clara. Normalmente, si vas en fin de semana o en hora punta, sobre las dos de la tarde para comer, es probable que haya cola, así que no vayas con prisa. Una vez dentro, te asignan mesa, y a por ello. La bebida suele pedirla el camarero, y te la trae a la mesa, no intentes buscarla en el buffet, que no la encontrarás.

Últimamente, también están apareciendo opciones de buffet con comida más local o mediterránea, y esto es algo que me alegra el paladar, la verdad.

Momento · 17:00–19:00

La tarde: merienda, café y dulces

Cuando cae la tarde en Alicante, después de un buen arrocito con la familia y un paseo por la Explanada, con el rumor de las olas de fondo y la brisa marina, a uno le entra ese gusanillo dulce que tanto conocemos por aquí. Y, creedme, en esta tierra tenemos opciones para aburrir. Lo más obvio, claro, es el turrón. Pero no solo en Navidad, ¡ojo al dato! Aquí lo comemos todo el año sin complejos. El de Jijona, ese blandito que se deshace en la boca como una caricia, y el de Alicante, el duro, con sus almendras enteras que crujen a cada bocado.

Pero no todo es turrón, faltaría más, ¡que somos de buen comer y mejor beber! Si el calor aprieta, y en Alicante aprieta a menudo, desde mayo hasta bien entrado octubre, un granizado de limón te salva la vida. Fresquito, con ese punto ácido que te despierta los sentidos y te quita la sed de golpe. Recuerdo de crío, después de salir del colegio en el barrio de San Blas, cómo nos peleábamos por el último sorbo en el kiosco de la plaza.

Y luego están los clásicos, los de toda la vida, los que te recuerdan a la abuela en la cocina, con el delantal puesto y las manos en la masa. La toña, ese bollo esponjoso y dulce, a veces con un huevo duro cocido en el centro, sobre todo por Pascua, aunque se come cuando sea y a cualquier hora. Mi tía Concha siempre me guardaba una para cuando iba a verla, y me decía que el huevo era para "tener fuerza". O la mona, que es la misma idea pero con un toque más festivo, adornada con figuritas de chocolate y más colorida.

Para los más chocolateros, o cuando el día pide algo más de calidez, un buen chocolate a la taza, espeso y aromático, con unos churros recién hechos. No falla.

Y hablando de helados, no penséis que solo tenemos los tradicionales de vainilla o chocolate.

El dulce alicantino es de provincia antes que de ciudad. El turrón de Jijona (blando) y el turrón de Alicante (duro, con almendra entera) se venden todo el año, no solo en Navidad. Al lado, el helado artesano —Jijona es tierra de heladeros—, la horchata con fartons, el granizado de limón, la leche merengada y el blanc i negre.

En repostería de mostrador: coca de llanda, toñas de Pascua, monas, rollitos de anís, peladillas, almojábanas y pastel de gloria. En cafetería moderna manda la tarta de queso, junto a brownie, carrot cake, crepes, gofres y churros con chocolate, que aquí funcionan a media tarde y también a las cinco de la mañana. Precio de merienda: 4–9 € con café. Ver postres y cafeterías.

Momento · 20:30–23:30

Cenar en Alicante

Hoy toca hablar de italianos, que no todo va a ser arroz y salazones, ¿verdad? Aquí en Alicante, la oferta es más que generosa, la verdad. Si eres de los que creen que la pizza es una y punto, te vas a llevar una sorpresa. La napolitana, con su borde gordote y alveolado, esa que ves por todas partes en Instagram, es la estrella, sí. Pero la romana, más finita y crujiente, tiene sus acérrimos. A mí, sincero, me gustan las dos.

Pero hay vida más allá de la pizza, claro. La pasta fresca es un universo en sí mismo. En muchos sitios de los de verdad, no de los de postureo, la hacen ellos mismos, con su harina de sémola, sus huevos de la terreta y sus manos, y se nota, vaya que si se nota. Un buen plato de pasta, con una salsa sencilla pero con fundamento, de esas que te calientan el alma, te alegra el día. Carbonara de verdad, la auténtica, con guanciale y yema, sin nata, por favor, que eso es un crimen.

Gambas al ajillo

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Si buscas algo más auténtico, de esos que te hacen sentir que te has teletransportado, las trattorias de barrio son un acierto seguro. Esos sitios pequeños, sin grandes lujos ni pantallas de plasma, donde se come como en casa de la abuela, con ese mimo que se nota en cada bocado. Conozco un par por el barrio de Carolinas Altas donde el nonno sigue amasando la pasta cada mañana y la mamma te canta la comanda con una simpatía que desarma.

Y, claro, cenar en terraza en Alicante es casi una obligación, una costumbre sagrada. Con este clima que nos gasta la terreta, sería un pecado no aprovecharlo. El buen tiempo es un plus que tenemos, un regalo. Las noches, fresquitas en verano, ideales para escapar del calor del día, y agradables en invierno, con una chaquetita, que se está de lujo. Una buena pizza o un plato de pasta en una terraza con tu gente, con una copa de vino de la tierra o una cerveza fresquita, viendo pasar la vida por la Explanada o por el Puerto.

Si te animas a buscar una de estas joyas, te aconsejo que te alejes un poco de las zonas más turísticas, aunque en el centro siempre encuentras alguna sorpresa.

La cena en Alicante cambia de registro: menos arroz y más producto a la plancha, cocina internacional y sitios para compartir. Es también el momento en el que la ciudad se traslada al puerto y a las terrazas.

La pizza es la cena más pedida de la ciudad, y hay dos escuelas: napolitana de masa alta y borde alveolado —margarita, diavola, cuatro quesos, prosciutto e funghi— y romana fina y crujiente. Al lado, la pasta: carbonara, boloñesa, pesto, ravioli, gnocchi y lasaña. Precio de referencia: pizza individual 9–14 €, pasta 10–15 €, y una cena para dos con entrante y postre entre 30 y 45 €. Ver italianos.

Si prefieres cena de producto local, el registro nocturno de Alicante es pescado a la plancha, raciones para compartir y brasa. Y en verano, terraza: mira la sección de zonas antes de reservar, porque la diferencia de precio entre el puerto y un barrio a diez minutos es de un tercio.

Cena

Carnes y brasa

La brasa es la protagonista indiscutible en muchos de nuestros asadores, especialmente si paseas por el centro o por el Ensanche, donde la oferta es más variada. Y si es de leña, ya ni te cuento, eso es otro nivel. Ese aroma inconfundible que te llega desde la calle, el crujido de la corteza al pasar el cuchillo, ese puntito ahumado que le da a la carne un toque especial, diferente. Los asadores argentinos, por cierto, han calado hondo por aquí; no es raro verlos llenos, con un ambiente animado.

Un consejo para el turista, o para el que viene de fuera y quiere probar la auténtica carne de aquí: no te dejes llevar por los carteles luminosos que prometen el “mejor chuletón del mundo” a precios de risa, que de esos hay muchos por la zona del puerto. Lo bueno se paga, y la carne de calidad, con un buen tratamiento en la brasa, tiene su precio justo. Si ves un local con pocos clientes a la hora punta, desconfía. Pregunta en el Mercado Central, a los mismos carniceros, dónde suelen ir ellos a comer, o déjate aconsejar por el camarero, que suelen saber de lo que hablan y te indicarán sin problema.

Cuando el cuerpo te pida carne, y no cualquier carne, busca esos asadores que tienen el olor a leña pegado a la entrada.

En los asadores y parrillas de la ciudad se repiten entrecot de vaca, chuletón al peso, secreto y presa ibéricos, picaña, solomillo al foie o al roquefort, costillas, chuletillas de cordero, pollo de corral y chorizo criollo en las de influencia argentina, con provoleta, morcilla y empanadas de entrante. Punto de la carne: aquí "al punto" suele salir más hecho de lo que espera un visitante; pide "poco hecho" si lo quieres jugoso. De 18 a 35 € por persona, más si el chuletón va al peso.

Cocina de fuera

Alicante internacional

Alicante se ha vuelto un crisol de culturas, ya te lo digo yo, que llevo más de medio siglo pisando estas calles. Antes, si querías probar algo "exótico", te metías en el chino de la esquina del barrio y punto, con su carta plastificada y sus rollitos de primavera ya conocidos. Ahora, la cosa ha cambiado, y para bien, la verdad. No es raro pasear por el centro, por la zona de Castaños o el Mercado Central, y de repente, zas, te llega un aroma que te teletransporta.

Y hablando de sabores que te despiertan, el ceviche peruano es un espectáculo. Fresco, con ese toque de lima que te espabila de golpe. Hay sitios, sobre todo por la zona del Ensanche y Benalúa, que lo bordan de verdad, y te lo digo yo que soy de paladar fino y he probado unos cuantos. Recuerdo una vez que un amigo peruano me enseñó a distinguir un buen ceviche: me dijo que la clave está en el "leche de tigre", ese juguito que queda al final, que es puro sabor.

Y la comida china, que no es solo la del arroz tres delicias y el rollito de primavera, eh. Eso era lo que había antes, y ojo, que tenían su encanto. Pero ahora hay sitios, sobre todo en algunas calles más escondidas cerca del centro o en barrios como el de Carolinas, que te sorprenden con platos de verdad, con esas recetas que no se ven en todos lados, más auténticas y complejas. Hablo de dim sum hechos al vapor, de pato laqueado que te sirve el propio chef o de platos de Sichuan con ese picante que adormece la boca.

Es más, la irrupción de estos sabores internacionales ha transformado también el ambiente de algunas zonas. Pasear por el barrio de San Gabriel o por las calles aledañas a la Plaza de los Luceros los fines de semana es como hacer un pequeño viaje. Ves familias enteras disfrutando de un brunch con arepas o de una parrillada, y es común escuchar distintos idiomas.

Alicante come mucho más de fuera de lo que parece, y casi siempre en los barrios. Venezuela: arepa reina pepiada, pelúa y dominó, cachapa, tequeños, patacón. Colombia: bandeja paisa, empanadas, arepa de choclo. Argentina: empanadas de carne, milanesa, choripán. Perú: ceviche, lomo saltado, ají de gallina, causa. México: tacos al pastor, quesadillas, burritos, guacamole, nachos. Japón: sushi, nigiri, maki, ramen, gyozas, tempura, poke; donde tienes muchas opciones modenas de Buffet Libre. China y sudeste asiático: dim sum, pato laqueado, pad thai, curry verde, arroz frito, bao. India: tikka masala, biryani, naan, samosas. Turquía y Oriente Medio: kebab, durum, shawarma, falafel. Líbano: hummus, tabulé, kibbeh. Marruecos: cuscús y tajín.

Los precios son la gran ventaja: casi toda esta cocina se come entre 8 y 16 € por persona, bebida incluida. La cocina venezolana tiene su propia guía: dónde comer arepas en Alicante, con las modalidades y precios de cada relleno. Para lo demás, entra por internacional o por japonés y asiático.

Momento · después de salir

Comer de madrugada

Después de una noche de esas de estirar la fiesta hasta que el cuerpo dice basta, o más bien, el estómago ruge con ganas, en Alicante sabemos bien qué toca para ponerle el broche de oro, o más bien, de grasa bendita. Si sales por el centro, por la zona del tardeo de Castaños y alrededores, donde la gente se concentra desde media tarde hasta bien entrada la madrugada, lo más probable es que tu destino final sea uno de esos clásicos puestos de kebab que encuentras salpicando la calle.

Si tu noche ha sido por la zona del Puerto o el Barrio, donde la marcha se alarga hasta que el sol asoma, la cosa cambia un poco, aunque no mucho en esencia. Aquí también hay opciones para el hambriento nocturno. Las hamburgueserías de toda la vida, esas con la plancha siempre encendida y el olor a cebolla frita impregnando la calle, son un auténtico salvavidas. Ojo, no me refiero a las grandes cadenas que ves en cualquier centro comercial, sino a los sitios de barrio, como los que aguantan en la calle Labradores o en el Raval Roig, que te preparan una hamburguesa sencilla pero que te reconforta el alma.

Y luego está el clásico entre los clásicos para cerrar la noche alicantina: los churros. Sí, has leído bien. En Alicante, si la juerga se alarga hasta que empieza a clarear, buscar una churrería que abra temprano es una tradición que se pasa de generación en generación. No es para todos los días, claro, pero un buen plato de churros con chocolate, calentito y azucarado, es el final perfecto para una noche épica. Recuerdo una vez, después de un concierto en la Concha de la Explanada, allá por agosto, cómo terminamos un grupo de amigos en la churrería de la calle Calderón, pidiendo para todos y riendo a carcajadas.

Ahora, un consejo de amigo, de esos que te da el vecino de toda la vida mientras pasea al perro por el Postiguet: si te mueves por las zonas de copas más populares, como el Barrio o Castaños, tendrás más opciones abiertas hasta tarde. Busca las calles perpendiculares a las principales, que suelen esconder esos pequeños tesoros.

Un detalle importante, y esto lo digo por experiencia propia después de muchas noches de juerga en fiestas como San Juan o los Carnavales: no te agobies si no encuentras el sitio más glamuroso ni el local con la decoración más moderna.

Para elegir por tipo, el selector de comida rápida separa hamburguesas, pizza, kebab, pollo y bocadillos. Y si necesitas saber qué está abierto en este momento, mira restaurantes abiertos ahora.

Geografía

Dónde comer según la zona en la que estés

Pues mira, si hablamos de comer en Alicante, lo primero que te viene a la cabeza es el centro y, cómo no, la zona del Mercado Central. Aquí, amigos, hay vida y de la buena, desde que el sol empieza a asomar por el Postiguet. Te puedes volver loco entre las paradas del mercado, que ya de por sí es un espectáculo de color y aromas a especias, pescado fresco y frutas de la huerta. Pero la magia no acaba ahí, porque alrededor, en calles como Calderón de la Barca o la Avenida Alfonso el Sabio, bullen bares y restaurantes con un ambiente que contagia.

Luego tenemos el Barrio, que es nuestro casco antiguo, justo a la sombra del Castillo de Santa Bárbara. Aquí la cosa cambia. Las calles son más estrechas, más laberínticas, con sus casitas de colores y sus macetas en las ventanas, y el ambiente es distinto, más bohemio y con ese punto canalla que tanto nos gusta. Es verdad que muchos turistas acaban aquí, y hay sitios muy enfocados a ellos, sobre todo en la zona más cercana a la Concatedral de San Nicolás o la Plaza de la Santísima Faz.

Centro y Mercado Central. La mayor densidad de barras de la ciudad. Si estás alojado aquí, tienes tapas, salazones y producto del mar a menos de diez minutos andando.

Explanada y Rambla. Terrazas y paso continuo. Cómodo y muy visual, algo más caro, y no siempre la mejor cocina: mira la carta antes de sentarte.

Puerto. Cena con vistas al muelle y al castillo. Funciona bien para una noche especial y para grupos.

Playa de San Juan y Albufereta. Arroces y comida de terraza junto al mar. Al mediodía en verano conviene reservar.

Barrios (Benalúa, Carolinas, Florida, San Blas). Aquí está el menú del día, el almuerzo de barra y la mayoría de la cocina internacional. Es donde come la ciudad todos los días.

Preguntas frecuentes

¿Qué hay que comer en Alicante si solo tengo un día?

Un arroz a banda o un arroz del senyoret al mediodía, y por la tarde tapas con salazones —mojama, hueva— en el centro. Si te sobra hueco, unas ostras o producto del mar alrededor del Mercado Central.

¿A qué hora se come en Alicante?

Desayuno de 8:00 a 10:30, almuerzo de barra de 11:00 a 13:00, comida de 13:30 a 15:30 y cena a partir de las 20:30, con cocinas que suelen cerrar entre las 23:00 y las 00:00. La comida rápida y los locales internacionales amplían ese horario.

¿Por qué los arroces solo se sirven al mediodía?

Porque se cocinan al momento y tardan entre 25 y 40 minutos, y porque tradicionalmente es la comida principal del día. Muchas arrocerías no los ofrecen por la noche.

¿Cuánto cuesta comer en Alicante?

Un menú del día suele estar entre 12 € y 18 €. Comer de tapas ronda los 15-25 € por persona. Un arroz en arrocería suele ir de 18 € a 30 € por persona. La comida rápida se resuelve entre 6 € y 12 €.

¿Dónde se come mejor: centro, puerto o playa?

El centro y el entorno del Mercado Central concentran tapas y producto. El puerto es cena con vistas y precio algo más alto. Playa de San Juan funciona para arroces y comida de terraza junto al mar.

¿Se puede comer de madrugada en Alicante?

Sí, sobre todo en el centro y el Barrio: kebab, hamburguesas, pizza al corte y churros. Los horarios varían por local y por día de la semana, así que confírmalo antes de salir.

¿De dónde salen los precios de esta guía?

De las cartas y menús que hemos revisado local por local. Son precios referenciales, no tarifas oficiales, y pueden cambiar sin aviso.

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Guía editorial de VamosAlicante. Los precios provienen de cartas y menús revisados local por local: son referenciales y pueden cambiar sin aviso. Confírmalos siempre en el local.